
Chinos, rumanos, peruanos, ecuatorianos o portorriqueños... cualquiera de ellos podría llorar su pérdida, pero sin duda, ese feeling casi instantáneo, ese entendimiento hasta en el modo de hablar, ese recurso cuando se acababa la fruta, teléfonos intercambiados para vender unos clavos de hierro... eso, eso con los gitanos que, lógicamente, lloran profundamente su cambio de domicilio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario